jueves, 15 de febrero de 2024

HISTORIA 1


 Mi nombre es Ángela, soy una chica trans de 25 años, aunque la historia que voy a contar ocurrió cuando tenía 20. Siempre he sabido que era trans, desde que era pequeña. Mi madre me llevaron al médico e iniciamos un tratamiento de inhibición hormonal para impedir que me desarrollara como chico, y poco después inicié el tratamiento con estrógenos. Al haber empezado tan pronto el tratamiento, mi desarrollo en la pubertad y adolescencia fue esencialmente femenino, por lo que la única manera de saber que soy trans es verme desnuda, pues sigo conservando el pene.

Mi padre al principio aceptó el tratamiento, pero poco después cambió de opinión e intentó revertirlo. Esto provocó que se divorciaran y yo me quedara con mi madre. habíamos vivido solas desde entonces y hasta que cumplí los 20 años, que poco después mi madre empezó a salir con un hombre llamado Raul. Ella era una mujer joven, tenía 45 cuando comenzó con él. Él era tenía más o menos su edad. Era un hombre muy normal. Oficinista, delgado, con gafas y el pelo algo canoso. Su principal atractivo era que fue el único hombre que mi madre conoció esos años que no huyó horrorizado cuando se enteró de mi existencia. Al poco de empezar a salir se mudó con nosotras para poder compartir los gastos.

Como mi madre trabajaba a turnos, había al menos un fin de semana al mes que le tocaba hacer noche. En ese fin de semana nos quedamos solos Raúl y yo. Hicimos noche de pelis y vimos una comedia romántica cutre. En mitad de la película Raúl dijo:

-Qué película más absurda...¿tus relaciones han sido así?

-Que va- dije yo- bueno, en realidad, nunca he tenido una relación.

-¿Ah no?- dijo sorprendido.- ¿Eres más de follamigos?- rió

-No, no...pero no es fácil ligar siendo como yo

-No digas tonterías ¡Si eres guapísima!- dijo dándome un pequeño empujón.- Seguro que tienes tu público, como todo el mundo.

-Pues aún no lo he encontrado, debe ser.- dije, cada vez más incómoda.

-Entonces, ¿eres virgen?

-¿Pero cómo me preguntas eso? - me puse roja como un tomate

- Jajajaja , eso es que sí, ¿no?

-Sí, pero eso no debería importarte.- me crucé de brazos, enfadada, esperando que eso cerrase el tema. No lo hizo.

-Sólo tengo curiosidad, eres la primera persona trans que conozco

-Me vas a hacer un montón de preguntas incómodas ¿verdad? - me podría haber ido, pero había algo en la conversación que me estaba gustando, me excitaba que tuviera curiosidad por mi.

-No tienes que contestar si no quieres pero...¿te sueles masturbar?

-Claro, como todo el mundo...

-¿Y cómo lo haces?- parecía que estaba hablando con un alienígena.

-No tengo ningún juguete, así que supongo que me masturbo como tu...y con mis dedos.

-Entiendo.- se quedó pensativo.- Bueno, no te molesto más, buenas noches.- dijo, y se marchó a su cuarto a dormir.

Cuando llegué a mi cuarto estaba excitada. Raúl no era un hombre especialmente atractivo, pero había mostrado interés en mí, que era algo que no solía ocurrir. En mi mente, la conversación continuó. Me preguntaba que si aunque era virgen había hecho alguna práctica sexual con algún hombre. Yo le contestaba que sólo mamadas, y que me encantaban las mamadas. Entonces él se sacaba la polla del pantalón y yo la chupaba. Con esos pensamientos me masturbé esa noche. Usé dos dedos para recoger algo de semen que se escapaba a gotitas de mi glande, y luego los introduje en mi boca para saborearlos, imaginando que era su sabor. Me estuve masturbando hasta que me dolió la polla de tanto sacudirla.

Raúl no volvió a sacar el tema del sexo en los días siguientes y yo intenté pensar en otra cosa. Al fin y al cabo, era la pareja de mi madre y no estaba nada bien que tuviera ese tipo de fantasías con él.

La siguiente vez que coincidimos solos en casa, me sorprendió con un regalo. Era una caja de zapatos envuelta en papel de regalo.

-Se que no es tu cumpleaños ni nada, pero me apetecía darte esto, para que veas que te apoyo.

Abrí el regalo y dentro de la caja de zapatos había un dildo y un bote de lubricante.

-¡Pero Raúl! - exclamé.- ¿Cómo se te ocurre regalarme esto?

-Si no lo quieres, lo tendré que tirar, no se puede devolver.

- No, no.- dije al instante.- me lo quedaré, pero me da mucha vergüenza.

-Vergüenza ninguna, ya eres mayor y tienes que disfrutar de ese cuerpazo que dios te ha dado.

Pensé en cuantas pajas se habría hecho Raúl pensando en este "cuerpazo" e imaginé que muchas. 

Ya sola en mi cuarto observé con más detenimiento el dildo. Era color carne e imitaba una polla de verdad, de unos 20 cm. "¿Cómo me voy a meter yo esto?" pensé. Tenía ventosa, así que lo pegué en el lateral de una estantería y me puse de rodillas para poder chuparlo. Por ahora me contentaría con practicar las mamadas. Me encantaba notar mi boca llena. Pensé otra vez en la polla de Raúl, no podía evitarlo, y menos siendo él quien me lo había regalado. Comencé a excitarme más y más y a desear tener esa polla dentro de mi culo. Puse algo de lubricante en mis dedos y comencé a estimular mi ano. Primero introduje un dedo, y luego otro. Todo mientras seguía chupando.

Al poco rato en mi mente aparecieron imagenes de mi misma a cuatro patas, siendo follada brutalmente por Raul. Desee tanto esa polla que despegué el dildo de golpe, lo embadurné de lubricante y me tumbé en mi cama, de lado. Comencé a meterlo, muy lentamente, en mi culo. Al principio me dolía, pero tenía tantas ganas que lo aguanté y lo seguí metiendo, hasta la mitad más o menos. Entonces comencé a sacarlo y a meterlo, muy sentamente.

"Mmmmm, aaaahhhh, ooohhhhhh"

Normalmente no gemía cuando me masturbaba, era muy silenciosa, pero la ocasión lo merecía.

De reojo, a través de un espejo que tenía en frente, vi que la puerta de mi cuarto (que estaba a mi espalda) estaba entreabierta. La puerta estaba rota y, aunque la cerrase, a veces se abría sola con alguna corriente de aire. Imaginé que eso era lo que habría pasado, no le di demasiada importancia y continué con lo que estaba haciendo.

"Mmmmm, aaaahhh, oooohhhh"

Seguí. Volví a abrir los ojos y vi a Raul escondido en el pasillo, mirando dentro de mi cuarto a través de lo poco que se había abierto la puerta. Al parecer él no se había dado cuenta de que podía verle a través del espejo y ahí estaba, mirando como un pervertido. A mi eso me excitó más y comencé a meterme el dildo más fuerte.

"Mmmmm, aaaaahhh, papi, aaaahhh, dame más fuerte papi" comencé a decir mientras me metía el dildo con cada vez más intensidad.

Volví a abrir los ojos y le vi con los pantalones medio bajados y la polla, más dura que el marmol, en una de sus manos, mientras se pajeba con fuerza.

Cambié de postura. Me puse a cuatro patas, con la cara apoyada en la cama, enseñándole completamente mi culo, mis testículos y mi pene, que brillaba de lo mojado que estaba. Seguí metiendo el dilo, cada vez más profundo, Quería que él lo viera, quería que él me oyera. Quería excitarlo y que acabara follándome sin control.

Escuché moverse la puerta y pensé que iba a entrar, pero cuando miré no vi a nadie. "Tal vez la ha movido sin querer y se ha asustado pensando que le iba a pillar" pensé. Me puse una camiseta ancha, que solía usar de pijaba y me cubría hasta la mitad del muslo y fui al salón a ver si le encontraba. No llevaba nada debajo, solo mi pene empapado y mi culo abierto y lubricado.

Le encontré en el sofá, con la tele puesta viendo el canal de noticias. 

-¿Aún estás aquí?.- pregunté.- ya es tarde para ver la tele.

-No podía dormir...- dijo él sin mirarme. 

Me senté a su lado y pude ver que aún estaba empalmado y se le notaba a través del pantalón.

-¿Te he pillado viendo porno?.- le dije señalandole el paquete. Él reaccionó tapandose con un cojín.

-No, no...pero a veces a los hombres nos pasa sin motivo alguno- se excusó.

-Ya, ya...- dije mientras deslizaba mi mano por su pierna, por debajo del cojín, buscando agarrarle lo que intentaba esconder.- yo creo que sí que has visto algo...intenso...

-Qué haces Ángela...-dijo, pero no hizo nada por detenerme.- Esto no está bien.

Le acaricié la polla y luego la agarré para masturbarle por encima del pantalón. Me acerqué a su oido y le susurré:

-Antes te estaba pidiendo que me follaras más fuerte...y en lugar de eso te has venido a ver la tele...

-Tu sabías...- no terminó la frase, que era bastante obvia. Yo ya le había sacado la polla del pantalón y la estaba pajeando. Era más pequeña que el dildo, pero estaba caliente y quería saber qué sabor tenía.

Me incliné y la introduje en mi boca. Estaba deliciosa. La estimulé con mis labios, con mi lengua, la chupé y rechupé hasta saciarme. En realidad habría seguido hasta exprimirle hasta la última gota de semen, pero ya estaba decidida a que lo que queria esa noche era ser follada. Me volví a colocar en cuatro, con la cabeza apoyada en el sofá. Me subí la camiseta hasta dejar a la vista mi culo redondo y abierto. No tuve que decir nada, Raúl se colocó detrás de mi y me la metió de un solo empujón.

"Aaaaaahhhh" gemí

Con cada empellón la notaba más adentro. Dura. Caliente.

"Aaaahhhh siiii follame bien duro, papi, dame fuerteeee" Había perdido el control. No sabía ni lo que decía, sólo pensaba en esa polla y en como me estaba llenando de placer. Al poco rato roté su semen, también caliente, correr dentro de mi recto mientras su polla daba pequeños espasmos.

Caí rendida al sofá. Notaba un pequeño río de semen que salía de mi ano, y otro que salía de mi pene, ambos se perdían entre mis piernas.

-Tu madre no se puede enterar de esto.- dijo finalmente Raúl- Si no, no podremos repetir.

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